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Inmigración E Identidad

Por Luma Simms

En la novela Los Hermanos Karamazov de Fyodor Dostoevsky, Demitri ha sido condenado injustamente por asesinar a su padre. Sus hermanos traman para ayudarle a escapar mientras emprenden camino al exilio en Siberia. El plan es huir a América con la mujer que ama. Pero Demitri le dice a su hermano,

¡Incluso ahora odio a esta América! Y tal vez cada uno de ellos son una especie de maquinista sin límites o lo que sea; pero diablo, tómalos ¡no son mi pueblo, no son de mi alma! Amo Rusia, Alexei, amo al Dios ruso, ¡aunque yo mismo sea un sinvergüenza! ¡Pero allí solo croaré! (Énfasis del autor)

Demitri después le informa a Alexei (apodo Alyosha) sobre su deseo de eventualmente volver de América y morir en su tierra natal de Rusia.

El personaje de ficción de Dostoevsky, Demitri, tan sólo es un ejemplo del deseo ontológico de una identidad personal y nacional. Las personas prosperan cuando saben quiénes son, necesitan saber quienes son; son deshumanizados cuando se les quita esto. Tan sólo en la cultura actual (en la que se construye la identidad con plástico de modo que se pueda cambiar de forma), tengo que persuadir a la gente de tal cosa.

No uso a Demitri como un ejemplo que procede de un sentimiento antiamericano, sino porque aprendemos sobre la humanidad (entre otras cosas) de Dostoevsky; nos enseña que la identidad está en la propia esencia de una persona y una nación.

Lucha del inmigrante

El choque cultural (el impacto de emigrar de una civilización y una concepción del mundo del este al oeste), fue como una colisión en mi propio ser. Sabía cuatro frases en inglés cuando llegué a América: “sí”, “no”, “por favor,” y “gracias”. Sabía que “OK” significaba “sí”, pero que no se usa todo el tiempo.

Mi vida ha incorporado la crisis de identidad de nuestro tiempo. He vivido en América 38 años y medio; años largos y duros tratando de entender el mundo a mi alrededor y quien soy dentro de ese mundo. Hay un proverbio árabe que mi madre repitía a menudo: “El que renuncia a sus orígenes, renuncia a sí mismo.” Era una de las causas de los conflictos entre nosotros, al yo luchar contra mi herencia iraquí. Cuanto más ella se incorporaba dentro de la subcultura del Medio Oriente aquí, más luchaba yo contra mis raíces. Yo tiraba y tiraba hasta que llegué a desarraigarme. Pasé años en ese estado, probando y sondeando el mundo a mi alrededor en busca de respuestas. Al final, tuve que volver a mis orígenes para entenderme a mí misma.

La razón por la que le dediqué tanto tiempo a la individualidad y a la identidad anteriormente en esta serie, es para que cuando llegara el momento de hablar de los inmigrantes como yo, estaríamos equipados con las ideas necesarias para entender este mundo complejo. Recuerde que la identidad está compuesta de muchos elementos: familia, hogar, religión, idioma, cultura y estado. Como persona, estoy conectada a estas esferas comunales y mi identidad se basa en qué tan bien mantenga estos lazos.

Lo he dicho antes: la inmigración interrumpe estas esferas compartidas. De una manera u otra, cortó los lazos que me unían a mi familia, hogar, religión, cultura, idioma y estado. Cuando vivimos en Grecia, me di cuenta que me estaba asimilando casi automáticamente; pero el irme de Grecia alteró otro conjunto de esferas comunales que se habían desarrollado mientras viví allí. Así que ¿era iraquí, griega o americana? ¿Qué significa el ser cualquiera de esas cosas? Sabía que no podía ser cualquiera de estas cosas por mi cuenta, porque sabía que un individuo por sí solo, desconectado de las personas e instituciones, no está en un estado bueno o natural.

Así que ahora estamos en América, por lo tanto hay que ser americana. Para ser americana, tengo que cambiar lo que hago y lo que pienso. Pero eso no es suficiente, incluso tengo que cambiar cómo pienso sobre lo que pienso y cómo pienso sobre lo que hago.

Pregunté: ¿qué significa ser americana? Bueno, lo primero que necesitaba para ser americana era hablar inglés americano. ¿Qué más significa ser americana? Significa tener amigos americanos y apegarme a las instituciones americanas. También significa vestirme y actuar como una chica americana, que escucha música americana y ve películas americanas. Pero todo eso se pueda imitar sin ningún cambio interno verdadero, y había un montón de inmigrantes imitando. Pero serlo requería absorber el culto, el centro de la cultura.

Entonces ¿cuál es el culto americano? ¿Qué es lo que América adora y qué es lo que cree? Esta es una pregunta religiosa, por eso la religión de una persona determina cómo y en qué medida se asimila un individuo. Cada religión lleva consigo una manera particular de saber acerca de Dios, el hombre, y el mundo; la religión le da al hombre una epistemología. Por lo tanto, si debo llegar a ser americana internamente tengo que experimentar un cambio epistemológico.

Aquí tiene un ejemplo sencillo de lo que quiero decir: en la Declaración de Independencia, los padres fundadores escribieron:

Consideramos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Esta declaración nos dice algo sobre la manera en la que pensaban los padres fundadores de nuestro país. Tiene que pensar acerca de Dios, el hombre y el mundo de una manera particular para creer estas afirmaciones. Si su entendimiento de Dios, el hombre y el mundo es ortogonal a este o de cualquier manera polémico con esta visión del mundo, pues, se le hará difícil asimilarse completamente a menos que experimente un cambio epistemológico.

Pero espere; mamá y papá dijeron que esta no es la persona que somos: no nos vestimos como ellos (queriendo decir que las chicas no usan ropa inmodesta); no usamos maquillaje cuando estamos en el cuarto grado; no nos afeitamos las piernas cuando estamos en la educación secundaria; no tenemos novios, no nos tomamos de las manos ni nos besamos en la escuela primaria; no nos apegamos a las iglesias americanas que tienen un “culto” muy diferente al nuestro; nos no involucramos demasiado con instituciones cuyos valores son contrarios a los nuestros. No abrazamos la versión americana de la libertad y la separación de los padres.

Cuanto más floja vino a ser la cultura americana, más intensamente se involucraban mis padres en su subcultura del Medio Oriente. Cuanto más trataba de involucrarme en el mundo americano a mi alrededor, más severas venían a ser las restricciones. Recuerdo cuando mi padres volvieron a casa después de la ceremonia de juramento en el que llegaron a ser ciudadanos naturalizados. Mi madre rápidamente me dijo que el hombre que hizo jurar a todos los inmigrantes les instruyó que mantengan sus idiomas y tradiciones y que no perdieran sus identidades nativas. Estaba confundida; eso no cuadraba con lo que estaba aprendiendo en la historia de los Estados Unidos en la escuela. Los fundadores americanos tenían ciertas ideas y esas ideas crearon un país en particular, nuestro país, América; y si América seguirá siendo América, entonces tendremos que pensar como ellos.

Discutí con mis padres hasta quedarme ronca, pero eran inamovibles: “¡No somos americanos! Somos cristianos iraquíes.” Claro, vivimos en América, trabajamos duro, no recibimos dinero del gobierno, pagamos impuestos, votamos, obedecemos la ley y llegamos a ser buenos ciudadanos, pero no somos americanos.

Esto es guerra metafísica de la variedad cristiana del Medio Oriente: cumplimos, pero no nos asimilamos.

Pero a diferencia de mis padres, yo no tenía una identidad cristiana iraquí fuerte porque no fui formada en ese país ni dentro de la comunidad a la que mis padres pertenecían. De manera que si no soy iraquí, y se supone que no debo ser americana, entonces ¿quién soy?

América no puede funcionar para siempre con inmigrantes que trabajan duro, pagan impuestos, votan, cumplen con la ley, pero no son americanos. En algún momento, llegaremos a un punto de inflexión cultural, y creo que ya hemos llegado.

El problema es que la sensación de ser “extranjeros en una tierra extraña” no es el caso sólo para los inmigrantes, sino para todas las personas que viven en los Estados Unidos que se encuentran en el lado opuesto de la guerra metafísica. Dado que, mientras que los inmigrantes han sufrido su propia crisis de identidad y dificultades de asimilación, América ha perdido su identidad nacional, su cultura se ha corrompido. ¿Qué identidad y epistemología puede ofrecerle a aquellos que han recurrido a ella para refugiarse?

Si es cada vez más difícil cumplir, y no nos podemos asimilar, ¿qué podemos hacer? Bueno, lo que no hacemos es construir aún más subculturas en las que nos enterramos. En su lugar debemos hacer dos cosas: recuperar nuestras identidades y vivir fielmente y sin pedir disculpas por esas identidades hasta que volvamos a despertar nuestra cultura.

Empezamos esta serie con la pregunta ¿por qué los inmigrantes no se están “integrando” como antes? Sólo he dado una respuesta parcial. Cada episodio individual hasta ahora merece una inmersión más profunda, y espero hacerlo algún día. Esta es nuestra primera pasada por este paisaje; sigamos adelante.

Luma Simms

Luma Simms es una miembra asociada de The Philos Project. Nació en Bagdad, Iraq, sus padres y antepasados son de Mosul, y habla árabe con un dialecto Moslawi. Los escritos de Simms se centran en la cultura, familia, filosofía, política, religión y la vida y el pensamiento de los inmigrantes. Su trabajo se ha publicado en First Things, Public Discourse, The Federalist y muchos otros. Su formación académica incluye una licenciatura en física de la universidad de California State Polytechnic University Pomona. Estudió derecho en la universidad de Chapman University School of Law antes de dejarlo para ser ama de casa. En Chapman Law, trabajó para el centro de jurisprudencia constitucional, The Claremont Institute’s Center for Constitutional Jurisprudence, como asistente de investigación al Dr. John Eastman. También trabajó como secretaria para el juez del tribunal supremo James Gray de Orange County, California. Sus amores más grandes son la teología y la filosofía política. Anhela la paz política y cultural en la tierra de su herencia, Iraq.

Publicado originalmente en ingles en philosproject.com